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Qsar Al Kharaneh. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours.

Cuando uno se adentra en el desierto del Este jordano poco a poco se contagiando de la soledad y austeridad de los paisajes. Encuentra eso: desierto. Pero es un paisaje árido diferente, sin dunas de arena ni formaciones rocosas, es una gran planicie a unos 1.200 metros de altitud que se extiende hacia Siria y, sobre todo, Iraq y Arabia Saudí.

 

Es lo que ofrece la ruta de los Castillos del Desierto es una magnífica oportunidad de conocerlo. Pero que no espere el lector, salvo en el caso del Castillo de Azraq, torreones y almenas, sino no diferentes tipos de dependencias inmersas en el ambiente de las caravanas del desierto, al servicio de los comerciantes que recorrían estas rutas y de cuando en cuando o al final de cada jornada, necesitaban un lugar donde pasar la noche a salvo de los rigores nocturnos del desierto, un lugar que les proporcionara alojamiento y alimento para jinetes y monturas. Eso es lo que vamos a encontrar en la ruta de los Castillos del Desierto.

 

 

La vasta planicie pedregosa que se abre ante tus ojos era siglos atrás transitada por caravanas comerciales de mercaderes y beduinos procedentes de Oriente, de Mesopotamia, camino de Damasco, Palmira, Petra, etc. o en su viaje a Occidente. Probablemente incluso vinculada a la Ruta de la Seda para los viajeros que procedían de Persia y Bagdad. Se trataba en cualquier caso de la ruta principal entre Bagdad y Jerusalén. También empleada por los habitantes locales que se movían entre el oasis de Azraq y la zona de la actual Ammán. Incluso para el movimiento de tropas. Un terreno pues de caminos transitados por caravanas sin más protección para descansar, relajarse  o pasar la noche que la que proporcionaban los diferentes “castillos del desierto”. Ahí radica la importancia de estas construcciones que, si ser majestuosas arquitectónicamente hablando, suponían una garantía de seguridad y descanso.

 

Quasyr Amra. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours.

Aparte de los que se suelen visitar en la ruta turística existen otros en la zona (Qsar Mshash, Qsar Asykhim, Qsar Al-Uwaynid, Qsar al Mushatta, etc.) y otros de que desaparecieron para siempre. Hay que hacer un esfuerzo de imaginación para suponer cómo eran en sus tiempos de gloria, pero vale la pena realizar este ejercicio mental para comprenderlos y disfrutarlos como bien merecen.

 

Son tres las principales visitas en la ruta de los “Castillos del Desierto”. El castillo de Azaq y su historia ligada a Lawrence de Arabia, el Qsar Al Kharaneh y los baños de Qusayr Amra.

 

Qsar Al Kharaneh

Este Qsar (castillo) se localiza a aproximadamente una hora de Ammán, la capital de Jordania. Se levanta junto a la actual carretera 40, en plena llanura pedregosa, que comunica Ammán y Azraq. Cuenta con un pequeño centro de visitantes y museo junto al aparcamiento. Se trata de una edificación cuadrada, de dos plantas, con aspecto de castillo. Digo aspecto porque las torres, al ser macizas, no tienen hueco donde albergar a posibles soldados a la hora de defenderlo. Si cuenta con gruesos muros, un patio interior abierto y diferentes dependencias en las que alojar personas y otras destinadas al ganado. Parece más un palacio fortificado. Llama la atención de este notable edificio, que no se encuentre en ninguna de las rutas importantes y que en principio carezca de un gran pozo o algibe para el agua (si contaba con una pila en el patio para el agua de lluvia).

 

El edificio actual está restaurado y aunque no se sabe mucho sobre este Qsar, parece uno de los más antiguos (hay una inscripción en un dintel fechada en el año 710 d.C.), construido sobre otro anterior de probable origen romano o bizantino.

 

Interior de los baños en Quasyr Amra. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

Quasyr Amra

El edificio que menos parecido tiene con un castillo es también el más sorprendente de este circuito turístico. Se trataba de un conjunto de edificios que los omeyas construyeron como caravasar, casa de baños y pabellón de caza formando parte de un complejo de mayores dimensiones. Estaba situado en un pequeño oasis que aprovisionaba de agua a los baños. Está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y es famoso por los frescos del siglo VIII que decoran las bóvedas, techos y paredes interiores, con escenas de caza, y sobre todo, por las atrevidas escenas con mujeres desnudas, vino, etc.

 

Ven con Tawy Tours a Jordania a descubrirlos.

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