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LA RELIGIÓN Y LAS FIESTAS RELIGIOSAS EGIPCIAS

Estatuilla de la Dinastía XXII. Empezando por la izquierda: Horus, Osiris e Isis.
Estatuilla de la Dinastía XXII. Empezando por la izquierda: Horus, Osiris e Isis.

Capítulo 1

El universo de los antiguos Egipcios poseía tres partes; tierra, cielo y el más allá. La tierra era un disco plano con Egipto en el centro, rodeado por las tierras extranjeras y los desiertos, todo ello englobado dentro de un océano primordial llamado Nun. Fue en este mar, sobre una pequeña colina, donde tuvo lugar la creación de los dioses. Ocurrió cuando el Dios Atum ( Aquél que se crea a sí mismo) escupió ( o según la leyenda se masturbó), creando así a Shu, el Dios del aire y la luz del sol, y Tefnut, la diosa de la humedad. Estos a su vez dieron a luz a Geb, el Dios del disco terrenal que creció a partir de la colina primigenia, y Nut, diosa de los cielos. Geb y Nut fueron los padres de Osiris, Isis, Seth y Neftis, quienes a su vez dieron a luz a otros dioses. En el torno al borde de la tierra había cuatro postes que soportaban una inmensa cubierta a la que estaban unidos el sol, la luna y las estrellas y en la cual tenían su residencia diversas deidades cósmicas. En otra versión, la cubierta celeste era el cuerpo de Nut, que se alzaba protectora sobre la tierra. Debajo de la tierra se encontraba el Otro Mundo, el reino de los muertos y hogar de Osiris. Era allí donde iban los seres vivos tras fallecer, para ser juzgados y pasar la eternidad. El Otro Mundo era un lugar muy semejante a la tierra, si bien estaba repleto de peligros. Estos peligros eran especialmente serios para las deidades solares como Ra. Cada tarde el sol se ponía por el horizonte occidental y comenzaba un viaje de doce horas por la oscuridad del Otro Mundo. El viaje podía realizarlo en un gran barco protegido por otras deidades, pero la barca también era Amenazada por criaturas malignas como la serpiente Apofis, que intentaba destruir al sol. El viaje podía realizarse asimismo por el interior del cuerpo de la diosa Nut, que se tragaba al sol al atardecer y lo daba a luz al amanecer. No importa como fuera realizado el viaje, pero si no tenía éxito el sol no podría amanecer y la vida sobre la tierra terminaría. Gran parte de la decoración de las paredes de las tumbas reales Del Valle de los Reyes estaba destinada a asegurar el éxito de este viaje nocturno. Textos como el libro de las puertas, el Imyduat y el Libro de las cavernas proporcionan conjuros que derrotarían a los enemigos del sol y la principal misión de los muchos dioses egipcios era ayudar en ese peligroso viaje.

Kent.R. Weeks

 

Continuará

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