El Museo Egipcio de El Cairo

No te pierdas… el Museo Egipcio

Guía de Tawy Tours en el interior del Museo Egipcio. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

Junto a la orilla derecha del Nilo se levanta el palacio del siglo XIX que acoge el Museo Egipcio de Antigüedades. Se trata del museo más importante del país y una visita inexcusable para conocer algunas de las piezas más soberbias del antiguo Egipto.

Puerta principal del museo. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours

Esta sede fue inaugurada en 1902 después de que el arte del antiguo ocupara diferentes emplazamientos. Se está construyendo el Gran Museo Egipcio en Giza y allí se trasladarán los fondos del actual museo cuando se inaugure (en breve tras múltiples retrasos).

 

En 1835 se creó el Servicio de Antigüedades de Egipto para evitar la salida del país de monumentos y tesoros, sobre todo a partir de la expectación que en Europa levantó la visita de Napoleón a Egipto en 1798. Gracias a ello, se puede disfrutar de las piezas del museo Egipcio.

Vasos Canópicos de Tutankamón. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours

El museo alberga una exposición de 120.000 piezas expuestas y al menos otras tantas que no se ven guardadas en sus almacenes. Sin duda la sala más visitada e interesante es la que alberga y expone el tesoro de Tutankamón, encontrado en el interior de la tumba descubierta por el arqueólogo Howard Carter en 1922 en el valle de los Reyes. La joya de la corona, nunca mejor dicho, es la máscara funeraria de oro con incrustaciones de lapislázuli con la cara del rey niño. Su belleza es tal que el visitante puede pasar un buen rato hipnotizado ante la vitrina que expone esta obra de arte.

 

El museo cuenta con más de cien salas repartidas en dos plantas que ofrecen la mejor colección sobre el antiguo Egipto existente en el mundo. Una visita completa llevaría mucho tiempo así que los guías se encargan de mostrar al visitante lo más destacado de las diferentes colecciones del museo, con las esculturas en la planta baja y las piezas de menor tamaño en la superior.

Trono Tutankamón. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

Entre las piezas que no deben pasarse por alto destacar: las tríadas procedentes del templo funerario de la pirámide de Mikerinos (IV dinastía) en Giza, la gran estatua de Zoser (III dinastía) a tamaño natural encontrada en Saqqara, la estatua de Dorita de Kefrén hallada en el templo de la Esfinge, la estatua de Seihkh el-Beled (V dinastía; conocida como el alcalde y procedente de Saqqara), las esculturas de Rahotep y Nefret procedentes de Meidum y con los colores bien conservados (IV dinastía), la estatua del escriba Mitri de madera recubierta de estuco policromado y con ojos de cristal (Saqqara, V dinastía), la cabeza con dos escarabajos y un halcón de la reina Tiyi, así como una estatuilla de ébano de la misma reina; la gran estatua de pizarra de Tutmosis III (Karnak, XVIII dinastía), la tapa del sarcófago de oro de Semenkhare (XVII dinastía) y dos vasos canopos de alabastro; la cabeza inacabada de Nefertiti (XVII dinastía), las esculturas del fabricante de abanicos y su mujer (Tebas, XVIII dinastía), la estatua de pizarra de Ramsés II (XIX dinastía) y otra de pizarra verde que representa a Thueris como un hipopótamo (XXVI dinastía) halladas en Karnak, la cabeza del prisionero gálata, el sarcófago de Psusennes (Tanis, XXI dinastía), el grupo escultórico de  Amenofis III y la reina Tiyi (Medinat Habu, XVIII dinastía), la colección de momias de la planta superior (se ha de comprar entrada), la paleta de pizarra de Narmer (I dinastía) de gran importancia histórica; el grupo de momias, máscaras y retratos de El Fayyum, una estatuilla de Keops en marfil, una estatuilla de mujer en madera y con peluca hallada en El Lisht, una cabeza de la reina Tiyi procedente del Sinaí, la sala 4 dedicada a las Joyas y por supuesto el alma mater del museo, el tesoro de Tutankamón y su espectacular ajuar funerario (Luxor, XVII dinastía).

El Escriba Sentado. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours

Una pieza que queremos destacar por su misterio es la Estela del Inventario. En ella se puede leer que la Esfinge, al igual que la Gran Pirámide, estaban ya construidas en época de Keops. La historia patas arriba.

Actualmente no está permitido hacer fotografías en el interior del Museo Egipcio. Es preciso sacar un ticket aparte (no válido para la sala de la máscara de Tutankamón).

En tu próximo viaje a Egipto con Tawy Tours, te llevamos al Museo Egipcio !!

Un paseo por el Zoco Kan El-Khalili

No te pierdas… Un paseo por el Zoco Kan El-Khalili

Es el mercado por excelencia de Egipto y uno de los mayores del mundo árabe. Imprescindible perderse en este laberinto de calles y tiendas. Dar un paseo por este zoco árabe medieval, fundado en 1382, es una experiencia única. Desde simples souvenirs hasta grandes antigüedades, todo tiene cabida en este bullicioso rincón de El Cairo. Caminar entre estos puestos de enorme colorido cautivados por los olores a incienso y especias, y con el periódico canto del muecín como fondo sumerge al visitante en otro mundo. Un mundo de mirar, tocar, probar y comprar, no sin antes experimentar el arte del regateo. Pasar un buen rato negociando el precio forma parte de la compra y es un trámite por el que es necesario pasar. Los vendedores son expertos en el regateo, incluso con gestos y aspavientos que les elevan a la categoría de grandes actores. No aceptes el primer precio y trata de bajar hasta, al menos, la mitad, comenzando tu oferta, aunque parezca desorbitado, por un 20% de lo que inicialmente te pedirán. Con educación y buenas artes te llevarás a casa una buena compra después de haber pasado un rato divertido. Si vas a comprar varias cosas en la misma tienda negocia el precio en bloque. Si no estás convencido, inténtalo en otros puestos similares.

Trabajos en hueso de camello. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

La oferta es infinita: joyas, plata, prendas del mejor algodón, ropa, babuchas, shishas o pipas de agua, esculturas, bronce, cuadros, papiros, tallas en piedra y madera, perfumes, etc. En el zoco las horas pasan deprisa, así que hay que tomarlo con calma.

Zoco de El Cairo. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

Y entre tanto bullicio, regateos, ir y venir de gente, se impone una pausa en el famoso Café Fishawy, más conocido como el Café de los Espejos por la gran cantidad de espejos que cuelgan de sus paredes. Se trata de uno de los cafés más antiguos de El Cairo y tomarse un té a la menta o fumarse una shisha con tabaco de fruta es casi un ritual. Los cafés son lugares habituales de encuentro para la sociedad egipcia. A lo largo de los más de 200 años de historia que tiene el Fishawy han pasado importantes personalidades y personajes célebres nacionales e internacionales. Uno de sus más asiduos clientes fue el premio Nobel de Literatura (1988), el egipcio Naguib Mahuz, quien pasaba horas en el café mientras trabajaba en su obra cumbre “Trilogía de El Cairo”. No existe mejor lugar para tomarse un descanso en pleno zoco.

Tienda de perfumes. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours

Y espera a que caiga la noche… verás cómo el zoco cambia su cara con las luces de los puestos, de nuevo regresa el bullicio (si es que alguna vez se ha ido) cuando el calor mitiga.

Déjate guiar por Tawy Tours en tu visita a Egipto y al famoso Zoco del Cairo.

Edfu, el templo mejor conservado de Egipto

No te pierdas… Templo de Edfu

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Patio interior principal de Edfu. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours

 

A mitad de camino entre Luxor y Asuán se encuentra la ciudad de Edfu. Edfu se encuentra en la margen izquierda del río y es parada obligada para los cruceros. El motivo no es otro que la visita al templo mejor conservado de Egipto. El templo se encuentra en el centro de la ciudad y para llegar hasta él se puede hacer en vehículo o en calesa. La calesa (coche de caballos) es un medio de transporte habitual en Egipto y permite vivir sensaciones diferentes durante la visita. Es cierto que las calesas viven de llevar y traer viajeros al templo, así que en ocasiones no dudan en meterse a toda velocidad entre el tráfico y ganar tiempo para que el conductor tenga tiempo de hacer más viajes con nuevos clientes. A pesar de esto es una forma simpática de transitar por Edfu y un punto de adrenalina en tu viaje a la tierra de los faraones.

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Pilono de entrada. Edfu. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours

El templo de Edfu es una auténtica maravilla. Responde a la estructura típica de un templo egipcio, con sus diferentes partes bien definidas, y se trata, además, del templo mejor conservado y uno de los más grandes de todo el país. Desde los grandes y luminosos patios y dependencias hasta las pequeñas salas interiores y oscuras del santuario. El templo egipcio por excelencia.

 

Data del periodo helenístico (237 y 57 a. C) y está erigido al dios Horus. Sus paredes son una fuente de información constante durante la visita acerca del lenguaje, la religión y la mitología del Antiguo Egipto. El templo se empezó a construir en el 237 a.C, sobre otro mucho más antiguo construido probablemente por Imhotep, el arquitecto del faraón Zoser (III dinastía del Imperio Antiguo). 180 años se tardó en construir este templo ptolemaico en honor a Horus.

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El Templo de Edfu está erigido al dios Horus. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours

El templo está orientado al sur y mide 137 metros de largo por 79 m. de ancho y 36 m. de altura. Cuenta con recinto amurallado, el pilono de entrada, un patio porticado, dos salas hipóstilas, dos vestíbulos y un santuario con diferentes salas. Las dos esculturas de granito negro de Horus, en el lado exterior del Pilono, te dejarán claro que penetras en la morada del dios halcón. El Patio rectangular está rodeado de columnas en tres de sus lados dejando sólo libre el lado que da paso a la primera sala hipóstila. Las paredes y columnas del patio cuentan con textos y escenas con los colores bien conservados. El suelo del patio está empedrado con grandes losas graníticas.

Sala hipóstila. Templo de Edfu. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours

La Primera Sala Hipóstila (pronaos), tiene una docena de columnas repartidas en dos filas de seis con un muro que cubre hasta la mitad para dejar pasar la luz. Precediendo a la entrada a la sala, en el patio, se encuentra la espectacular estatua de Horus con la doble corona. Las paredes tienen ornamentación sobre astrología y libros.

 

La Segunda Sala Hipóstila (hayt) posee también 12 columnas y está comunicada con una Cámara de las Ofrendas Secas al oeste y una Cámara de las Ofrendas Líquidas al este. Te llamarán la atención las fórmulas escritas en la pared de esta última sobre compuestos empleados para los ungüentos y perfumes usados por los sacerdotes en las ceremonias. Nuestro guía te mostrará el punto exacto donde se encuentran. Después de estas salas donde se elaboraban y preparaban las ofrendas se pasa a la Sala de las Ofrendas y posteriormente a la Sala Central que comunicaba con el Santuario. Las salas van reduciendo su tamaño y la luz se filtrando progresivamente hasta llegar a las oscuras dependencias del santuario. El santuario ocupa una posición central y está rodeado diez salas. Destaca la espectacular naos granítica de Nectanebo II, de 4 metros de altura, que se conserva en la sala de la barca sagrada.

Templo de Edfu. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours

Las paredes del gran corredor y de la muralla, tanto por su cara externa como, sobre todo, por su cara interna, están repletas de grabados con diferentes escenas. Muchas de éstas están dedicadas a Horus (su nacimiento, victorias militares, enseñanzas, etc.) y algunos detalles minerales y vegetales. En las representaciones, algunas en excelente estado de conservación, se observan muy bien las coronas del Alto y el Bajo Egipto.

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Naos de granito. Templo de Edfu. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours

Tras el edicto de Teodosio I que prohibía todo culto que no fuera el cristiano, las paredes del templo sufrieron numerosos daños. Se pueden apreciar muy bien los relieves dañados (picados) por los cristianos que dominaron Egipto. El techo ennegrecido del vestíbulo hipóstilo probablemente se deba a incendios cristianos para destruir imágenes paganas.

Jeroglíficos en el Templo de Edfu. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours.

En la parte noroeste de la muralla se abre un Nilómetro para medir los niveles de agua del río.

La buena conservación del templo de Horus se debe a que durante muchos siglos quedó enterrado bajo la arena del desierto y el lodo del Nilo. El arqueólogo Mariette fue quien comenzó a desenterrarlo en 1860.

Como no podía ser de otra forma, esta visita está incluida en nuestros cruceros por el Nilo.

Templo de Edfu. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours.

La Pirámide de Kefrén

No te pierdas… La Pirámide de Kefrén

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Pirámide de Kefrén. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours

Sobre el 2520 a.C, el faraón Kefrén (IV dinastía), hijo de Keops, ordenó construir la segunda mayor pirámide egipcia. Un efecto óptico hace que parezca más alta que la de Keops. Se debe a que está construida sobre una porción de terreno más elevada pero en realidad la altura es de 136,5 m. y la base de 210,5 m. de lado. La pirámide de Kefrén se reconoce muy bien porque en la cúspide conserva el recubrimiento de bloques lisos de piedra caliza que revestía toda la cara exterior.

 

La pirámide tiene dos entradas orientadas al norte, una a ras de suelo y otra a unos 10 metros de altura. La entrada inferior tiene un corredor ascendente que lleva a una sala inacabada y continúa para enlazar con el corredor que penetra en la pirámide desde la entrada superior también en sentido ascendente durante 32 m. hasta una cámara en la que se encontró un sencillo sarcófago.

Gran Esfinge y Pirámide de Kefrén. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours

En el exterior se conservan tres muros del recinto funerario de Kefrén. En ellos se han encontrado tumbas y salas que podrían albergar hasta 4.000 personas, probablemente trabajadores de la faraónica obra.

 

Una visita imprescindible en cualquier viaje a Egipto que en Tawy Tours nos encargaremos de materializar.

Pirámide de Kefrén. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours

Templo de Hatshepsut al amanecer

No te pierdas… el Templo de Hatshepsut al amanecer

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Templo de Hatshepsut. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

Reinaba la noche cuando abandoné el barco amarrado en Luxor en compañía del guía.  Cruzamos a la otra orilla en una pequeña embarcación hasta el muelle turístico donde me aguardaba el transporte que me llevaría en poco tiempo a Deir el-Bahari, lugar en el que se encuentra excavado en la roca el maravilloso templo de Hatshepsut. Las primeras luces comenzaban a despuntar, casi tan rápido como ascendían los globos que sobrevolaban la zona esa mañana. La majestuosa fachada del templo iba adquiriendo una coloración blanquecina, pura, virginal, hasta que el sol asomó para iluminar de lleno el espectáculo. El color de la piedra y del escarpado anfiteatro rocoso en el que se asienta pronto se volvió de un intenso amarillo, casi dorado. Así recuerdo mi primera visita al templo de Hatshepsut y así me gustaría recomendarte que la hicieras cuando vengas con nuestro guía. El madrugón tiene una recompensa doble, por un lado disfrutar del templo con poca gente y sus mejores luces, y por otra parte, ganar tiempo para la visita al Valle de los Reyes antes de que el sol convierta en asfixiante este rincón de la Necrópolis de Tebas.

Al despuntar el día despegan los globos cada mañana. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

Son varios los templos funerarios existentes en Deir el-Bahari: el templo de Mentuhotep I, el templo de Tutmosis III y el templo de Hatshepsut. Es sin duda este último el más impresionante y el que ha dado fama universal al lugar.

 

Destaca en el templo de Hatshepsut la armonía de las proporciones de su inmensa fachada. Es un templo arquitectónicamente muy diferente a los clásicos que se encuentra en Egipto, perfectamente adaptado a la geografía. Está dedicado a la Diosa Hator, que aparece representada de forma omnipresente en el templo como vaca sagrada coronada con los emblemas de la diosa. El templo es solamente funerario, la reina fue enterrada en el Valle de los Reyes.

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Diosa Hator. Foto: A, Polvorinos / Tawy Tours

Fue construido por el arquitecto Senmut y erigido para el “doble” de la reina Hatshepsut y su padre Tutmosis I. Visualmente tiene una estructura muy bien definida y ya bien apreciable desde el aparcamiento al que llegan los vehículos y autobuses. El templo se extiende desde la zona llana de cultivos hasta la pared rocosa mediante dos terrazas comunicadas por sendas rampas escalonadas de suave pendiente. A ambos lados de la rampa se abre un pórtico con pilares de sección cuadrada y columnas redondeadas. Los pórticos cuentan con ornamentación de pinturas y bajorrelieves en muros y columnas. Los de la primera terraza tienen once columnas y once pilares a cada lado. En la segunda terraza, a la derecha del pórtico de la fachada principal (pórtico oeste) está la capilla dedicada a Anubis (el chacal). Muy interesantes y bien conservadas son las pinturas del vestíbulo hipóstilo de esta capilla, con el techo decorado a modo  de cielo estrellado. En las pinturas puede verse a Hatshepsut y su padre haciendo ofrendas a Amón y Anubis.

Templo de Hatshepsut. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

El pórtico oeste, el que ocupa la parte frontal de la fachada, tiene una rampa con 22 pilares cuadrados con estatuas de Osiris y otras tantas columnas. Se observan bajorrelieves con escenas del nacimiento y coronación de la reina. En el extremo sur, es decir, a la izquierda de la fachada, se encuentra la capilla de Hator. Está repleto de columnas y cuenta con dos salas hipóstilas y una serie de salas excavadas en la roca. La ornamentación gira en torno a la diosa Hator que aparece representada con cabeza de mujer y orejas de vaca en los capiteles de las columnas. Destaca el gran bajorrelieve mural en el que la reina, sentada con corona atef y barba, realiza una ofrenda a la diosa Hator representada como una vaca sagrada, con disco solar y corona atef.

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Templo de Hatshepsut. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

La rampa que parte en dos el pórtico oeste da acceso a la tercera terraza. En esta terraza superior se encuentran una serie de recintos y varias filas de columnas. A la izquierda se encuentra la capilla funeraria de Tutmosis I, y la capilla-cámara de las ofrendas de Hatshepsut, a la derecha se encuentra la capilla de Horakty y al frente el Santuario, revestido de caliza, con el Sanatorium. La capilla de Hatshepsut es una amplia y bella sala excavada en la roca.

En el exterior, junto a la entrada al templo, a 15 metros a la derecha de la primera terraza, se encuentra la Tumba de Senmut, el arquitecto de Hatshepsut.

Terraza superior Templo de Hatshepsut. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours.

Contiguo al templo de Hatchepsut, a la izquierda, se encuentra un recinto de similares dimensiones correspondiente al Templo de Mentuhotep I, rey de la XI dinastía. Este faraón que gobernó 500 años antes que Hatshepsut fue el primero en elegir Deir el-Bahari para establecer un templo funerario con algunas características propias del Imperio Antiguo (templo y tumba están unidos) y otras del Imperio Nuevo. Es pues,  además de templo funerario, la necrópolis original. En ella se hicieron 28 tumbas de reinas, princesas y dignatarios reales. Es de suponer que parte de la necrópolis y templo fue afectado por la construcción del de Hatshepsut. La superficie principal del templo de Mentuhotep se encuentra en la gran terraza, en parte excavada en la roca y en parte edificada. En ella se encuentra la enorme mastaba repleta de columnas.

 

Por último, entre el templo de Mentuhotep I y la terraza superior del de Hatshepsut se encontraba el Templo de Tutmosis III, actualmente reducido a ruinas.

En el interior de las Pirámides de Giza

No te pierdas… el interior de las Pirámides de Giza.

Escalinata de acceso al interior de la pirámide de Micerinos. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

La Meseta de Giza, a 12 kilómetros del centro de la ciudad, es uno de los lugares más fascinantes del mundo. Aquí se levantan las pirámides de Keops, Kefrén, Micerinos, y la Gran Esfinge. Sin duda es el principal conjunto monumental egipcio y resulta complicado describir lo que se siente cuando el visitante se sitúa frente a la entrada al recinto, con la descomunal Gran Pirámide delante de sus ojos. La visita a las pirámides es el sueño cumplido de cualquier viajero en Egipto, y, a buen seguro, la motivación principal del viaje. Una vez en la meseta de Giza, se ven cumplidas y superadas todas las expectativas. Pero… ¿qué se siente al penetrar en las entrañas de alguna de estas increíbles construcciones milenarias? Difícil describirlo… hay que vivirlo.

La gran pirámide de Keops y los visitantes accediendo al interior. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours

En el interior de la Gran Pirámide la sensación de claustrofobia es mayúscula. La humedad y la falta de ventilación hacen que caminar en incómoda postura por estos estrechos y bajos pasillos sea algo que no todos los visitantes llevan con gusto. Sólo el saberse en el interior de una pirámide egipcia compensa estas penurias. Desde hace tiempo no se permite escalar por el exterior de la pirámide, ni subir hasta la parte alta, como hace años se hacía. El acceso al interior de la Gran Pirámide está limitado a 150 personas por la mañana y 150 personas por la tarde (es necesario comprar ticket específico). No obstante, de forma rotatoria, las autoridades egipcias permiten el acceso bien al interior de la pirámide de Kefrén o bien al interior de la pirámide de Micerinos. Aunque es necesario comprar la entrada específica, no existe límite diario y siempre una de las dos está abierta a las visitas.

 

En estas dos pirámides, la sensación de claustrofobia es similar a la de Keops y será también preciso agacharse para el recorrido por pasillos y salas. Independientemente de cual de las tres se visite, se verá cumplido uno de los privilegios turísticos en forma de experiencia absolutamente única que los visitantes al llegar al país de los faraones.

Acceso a la pirámide de Micerinos. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

Ven con Tawy Tours a visitar las pirámides y podrás ser uno de los privilegiados que haya visto las tripas de estas emblemáticas construcciones. Nosotros nos encargamos de gestionarlo y acompañarte a las entrañas de la cultura faraónica. y con esta oferta… el precio no es impedimento !!

Ciudadela de Saladino, mirador de alabastro

No te pierdas… la Ciudadela de Saladino

Mezquita de Alabastro. Ciudadela de Saladino. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

La ciudadela de Saladino se construyó para proteger la residencia real y dominar las dos ciudades (El Cairo y El Viejo Cairo) recién unificadas como una sola ciudad.

Salah eddin Al-Ayoubi (Saladino) llegó a Egipto en 1171 y realizó una serie de acciones que marcaron la historia de la ciudad. Su llegada supuso la abolición del poder fatimí y la reinstauración del Islam como religión oficial de Egipto. Saladino decidió unificar las dos ciudades en las que en esa época se hallaba dividido El Cairo y para ello comenzó a construir en 1176 una ciudadela en la colina Muzzattam, desde donde se disfruta de una panorámica espectacular de la gran urbe.

Interior Mezquita de Alabastro. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours.

La ciudadela de Saladino es una de las visitas más interesantes de la capital por el importante papel que jugó este lugar, la belleza arquitectónica del conjunto, la visita a la mezquita de alabastro y, por supuesto, por las vistas panorámicas. El recorrido se realiza a pie a través de un agradable paseo desde el pie de la muralla hasta la terraza superior de esta ciudadela que sirvió de fortaleza a la residencia real.

Vista de El Cairo desde la Ciudadela de Saladino. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

Se trata de un recinto amurallado en cuyo perímetro interior se ubican la mezquita de Mohamed Alí, la mezquita de Suleyman Pacha y la mezquita de Mohamed en-Nasir, además de Museo Militar, el Museo de Carruajes, un Museo al Aire Libre, palacios y un par de pozos.

 

El recinto amurallado cuenta con gruesas torres defensivas y de comunicación. Las dos torres principales se denominan Borg Al Ramía o torre de Arena y Borg Al Attad o torre del Herrero. La entrada se realiza por la puerta Bab el-Azab.

Recinto amurallado Ciudadela de Saladino. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours

El principal punto de interés de la ciudadela es la visita a la Mezquita de Mohamed Alí, más conocida por el nombre de Mezquita de Alabastro debido que este tipo piedra cubre todo el exterior de este templo de enormes proporciones y estilo turco.

Para entrar en la mezquita es preciso descalzarse y no llevar los hombros al descubierto. Una vez en el interior destacan sus dimensiones y su lujosa decoración, que en nada desmerece a su fachada. Dentro de este precioso templo de minaretes y cúpulas se encuentra la tumba de Mohamed Alí. En el exterior, detrás de la mezquita, se encuentra la terraza que ofrece una fabulosa perspectiva de la ciudad y, en los días despejados, la vista alcanza hasta las pirámides de Giza, Saqqara y Abu Sir. También el pozo de José y la entrada al palacio de El-Yawahra.

 

La Mezquita de Mohamed en-Nassir es de proporciones más modestas. Fue fundada en 1318 y, a pesar de haber perdido buena parte de su decoración original, es el edificio mameluco mejor conservado de la ciudadela. Destacar los dos alminares bulbiformes con los restos de revestimiento de cerámica coloreada. En el interior tiene columnas que proceden de edificios egipcios, bizantinos y grecorromanos.

Ciudadela de Saladino. Mezquita de Alabastro. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours.

El Museo Militar fue fundado por Mohamed Alí y alberga trajes, armas y escudos (se cobra entrada). En el Museo de Carruajes se observan los vehículos de la época de los jedives Ismail y Abbás. El museo al aire libre expone columnas y fuentes de mármol de época otomana y por último la Mezquita del Soliman Pacha, que presenta una planta anatólica.

 

Vente a pasar el Fin de Año a Egipto con Tawy Tours y conoce la Mezquita de Saladino, en El Cairo.

Ciudadela de Saladino y Mezquita de Alabastro. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

El descubrimiento de la Tumba de Tutankamón

Valle de los Reyes. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

El arqueólogo británico Howard Carter llevaba años excavando en las necrópolis de Tebas. Llegó a desempeñar importantes trabajos y cargos relacionados con la egiptología. Entre 1891 y 1899 fue miembro de la Misión Arqueológica de Egipto y en 1892 colaboró con el egiptólogo F. Petrie en las excavaciones de Tell el-Amarna. Fue nombrado inspector jefe del Departamento de Antigüedades del antiguo Egipto.

 

Howard Carter desarrolló varias campañas de excavación en el Valle de los Reyes gracias al apoyo económico de su mecenas Lord Carnarvon. Durante estos años descubrió las tumbas de Tutmés IV y Hatshepsut, pero lamentablemente habían sido saqueadas. La paciencia y el dinero se acababan y Lord Carnarvon puso fin a las financiaciones que había realizado durante seis años. Howard Carter no cejó en el empeño y consiguió convencer a Carnarvon para sufragar una campaña más de excavación, pues llevaba tiempo tras la pista de Tutankamón, a pesar de que se pensaba que en el yacimiento del Valle de los Reyes ya no quedaba nada por encontrar.

 

El 4 de noviembre de 1922, tras el descubrimiento accidental de un escalón de lo que parecía ser el acceso a una tumba, Carter llamó a su mecenas para anunciarle el hallazgo. Carnarvon viajó hasta Luxor y el día 24 de noviembre de ese año, se convocó a prensa, expertos y autoridades para la apertura de la tumba KV62 que, a diferencia de las anteriores, parecía encontrarse intacta.

Entrada Tumba de Tunkamón. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

Tras practicar un orificio en la pared e introducir una vela para comprobar la ausencia de gases nocivos en el interior de la tumba, Howard Carter se asomó a través de la tenue iluminación. Todos los asistentes contuvieron la respiración mientras Carter se quedó unos instantes en absoluto silencio mirando por el agujero. Ante la pregunta “¿Qué ve señor Carter?”, el arqueólogo pronunció las palabras más sonadas de la Egiptología: “veo cosas maravillosas”. El oro resplandecía por todos lados ante la luz de la vela. Carros, estatuas, armas, cofres, muebles… todo brillaba ante los incrédulos ojos del británico. Eran solo un pequeña parte de los más de 5.000 objetos que contenía la tumba y que llevaría al arqueólogo 10 años sacar y clasificar.

 

Howard Carter acababa de realizar el mayor descubrimiento arqueológico de Egipto, el tesoro de la tumba de Tutankamón, joven faraón de la XVIII dinastía, sucesor de su padre Akenathón. El tesoro se expone en el Museo Egipcio de El Cairo (otra de las visitas en nuestros programas en El Cairo).

 

Diferentes estudios científicos corroboraron en 2010 que el joven faraón murió en 1327 a.C, con 19 años de edad, víctima del mal de Kholer (una necrosis avascular ósea) complicado por la malaria. Su reinado tan sólo duró 10-11 años.

 

Tras la apertura de la tumba, se pensó que los allí presentes habían sido víctimas de la maldición del faraón al inhalar el aire viciado. Muchos expertos y exploradores que ayudaron a Carter murieron en los años siguientes. Howard Carter murió por causas naturales en 1939 convertido, de cara a la opinión pública y a los ojos del mundo, en el “rey de Luxor”.

La Tumba de Tutankamón es una de las tumbas que se pueden visitar en el Valle de los Reyes (Luxor). Solo están permitidas fotos en el exterior.

Allí estaremos estas Navidades / Año Nuevo. ¿Te vienes con Tawy Tours?

Templo de Luxor

No te pierdas… Templo de Luxor

Patio de Nectanebo, Templo de Luxor. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

Luxor es uno de esos lugares que no por esperado, disminuye las sensaciones a flor de piel cuando uno lo visita por primera vez. Al contrario, inmerso en esta desarrollada ciudad egipcia, pasear entre sus columnas es algo indescriptible…

Solo queda uno de los seis colosos de Ramsés II. Templo de Luxor. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours

Este templo se halla en el centro de la ciudad de Luxor y dependía directamente de Karnak, con el que estaba comunicado a través de una larga calzada de 3 kilómetros de longitud conocida como la avenida de las Esfinges. Esto es lo primero que ve el visitante cuando se sitúa en el patio de Nectanebo, a las puertas del templo. La primera impronta es fantástica, con una cabeza de Ramsés II de enorme tamaño a la izquierda de la enorme fachada principal (pilono) y el obelisco del mismo emperador a la derecha, junto a un coloso. A la espalda una doble hilera de esfinges flanquean la calzada en sentido a Karnak. La calzada está excavada sólo unos 200 metros. Sin embargo este gran patio no fue lo primero que se construyó sino que fue el patio interior de Amenofis III, quien inició las obras.

Templo de Luxor. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

El templo original era de arenisca pero fue desmantelado para construir el que ha llegado a nuestros días. Sorprende pensar que el templo, una obra de arte de grandes proporciones, sólo se usaba durante la procesión de Amón en el “Año Nuevo”. Una muestra de la riqueza, opulencia e importancia que Tebas llegó a alcanzar bajo mandato de los dos principales faraones tebanos, Amenofis III y Ramsés II.

Patio de Amenofis III. Templo de Luxor. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

Se construyó en primer lugar el templo del fondo con vestíbulo, sala hipóstila y el citado patio de Amenofis III. Las obras las terminó Tutanhkamón. Tras ellos entró en juego la figura del faraón constructor por antonomasia del Antiguo Egipto, Ramsés II, quien edificara su gran patio que comunicaba con el de Amenofis III a través de una columnata.

 

La estructura del templo sigue el patrón clásico. Y consta por tanto, aunque no por orden de antigüedad como acabo de exponer, de: pilono, primer patio (Ramsés II), columnata, segundo patio (amenofis III), sala hipóstila, vestíbulo y sala de las ofrendas. Veámoslo en este orden, que es el sentido en el que se realizan la visita.

Templo de Luxor. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

Junto al pilono de entrada, de fachada monumental edificado por Ramsés II, existían 6 colosos de granito de Ramsés II de más de 15 metros altura, a uno de los cuales pertenece la enorme cabeza del suelo y dos obeliscos de 25 m. de altura. Actualmente sólo se conserva en su lugar original uno de ellos, el otro se encuentra en París (plaza de la Concordia) gracias al regalo que hizo Mohamed Ali al país galo en 1831.

 

Se accede al enorme patio de Ramsés II (primer patio), con dos filas de columnas de capitel papiriforme. En el patio existe una capilla consagrada a la Tríada de Tebas (los dioses Amón, Mut y Khonsu) y construida por Tutmosis III. Destacan otra serie de columnas de diferente ornamentación y dos grandes estatuas sedentes de granito negro de Ramsés II con la imagen de Nefertari a los lados, y, entre las columnas, varias estatuas de Amenofis III. Los vigilantes del templo se empeñarán en mostrarte los mejores ángulos fotográficos a cambio de una propina.

Avda. de las Esfinges comunica el templo de Luxor y los de Karnak. Foto: A. Polvorinos / Tawy Tours

Una sala alargada con dos filas de columnas (columnata) conduce al patio de Amenofis III con un pórtico formado por dos hileras de columnas fasciculadas con capiteles papiriformes cerrados. Este tipo de columnas se repite en la sala hipóstila. El vestíbulo fue convertido por los romanos en capilla. La sala de las ofrendas a Amón, está rodeada de otras salas. Destaca la cámara del nacimiento de Amenofis III.

Luxor guarda todo el sabor del Antiguo Egipto; una visita imprescindible dentro de nuestro programa para Navidades y Fin de Año. No te lo pierdas

Entre los palacios de la Ciudad Prohibida

No te pierdas… entre los palacios de la Ciudad Prohibida

Ciudad Prohibida. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours

Y tras dejar atrás un espléndido palacio de un blanco cegador y cuidada ornamentación, al otro lado del patio aguardaban otros tantos palacios, y tras ellos, unas decenas más…  así fue mi primera visita y sigue siendo la impresión que muchos visitantes me han comentado. Palacios y palacios, por centenas o ¿quizá un palacio con infinidad de dependencias? Es probable que esta opción sea la más acertada. La Ciudad Prohibida es el mayor conjunto palaciego del mundo. Casi 1.000 edificios y casi 10.000 estancias. Verdaderamente Impresionante. Por situar al lector con una referencia que ayuda a dimensionar su tamaño, la Ciudad Prohibida sería un rectángulo en el que caben 72 campos de fútbol.

Ciudad Prohibida. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours
Ornamentación en madera. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours

La entrada desde la plaza de Tian’anmen no desmerece, la magnificencia de esta descomunal plaza sirve de acceso a la que fuera durante siglos la capital del Imperio Chino. De hecho se encuentra ubicada intramuros de la llamada Ciudad Imperial de Beijing. En sus largos siglos de historia la Ciudad Prohibida es conocida como el Palacio Imperial de las Dinastías Ming y Quing; 500 años en los que fue la capital de los emperadores chinos y corazón político y ceremonial del país. Desde 1925 está gestionada por el Museo del Palacio.

Madera, mármol blanco y teja son los elementos arquitectónicos de la Ciudad Prohibida. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours
Ciudad Prohibida. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours

Pero llama la atención, además de las comentadas dimensiones, la abundancia de troncos de madera como vigas, paredes, techos, etc. Hay tal cantidad que fue el motivo por el que la UNESCO incluyó este lugar en su Lista de Patrimonios de la Humanidad en 1987 como el mayor conjunto de estructuras antiguas de madera del mundo.

Ciudad Prohibida. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours

Rodeada por una muralla de 8 metros de alto y un foso de 52 metros de ancho (6 m. profundidad), desde la puerta sur (Plaza Tian’anmen) resulta imposible vislumbrar lo que se esconde al otro lado del muro. Un vasto conjunto de patios, puertas, torres, jardines, salones… necesitarás una mañana completa para visitarla pero solo un segundo par quedar absorto por su magnificencia. Sobre todas las maravillas que hallarás en su interior, te lo explicará mucho mejor nuestro guía de Tawy Tours, contacta con nosotros para organizar tu viaje.

Ciudad Prohibida. Foto: A. Polvorinos/Tawy Tours